miércoles, 21 de septiembre de 2016

CRISTINA DE MIDDEL: “EL FOTÓGRAFO Y EL ARTISTA TIENEN QUE DAR SU OPINIÓN, QUE NO ES LA VERDAD” (Artículo de Rubén H. Bermúdez)

Cristina De Middel (Alicante, 1975) se autodefine como fotógrafa, se cansó de ser fotoperiodista y empezó a contar otro tipo de historias con otro tipo de lenguaje. También dice que tuvo suerte, que le pasaron el micro y que aún no lo ha soltado. Al comenzar la entrevista me avisa de que tiene tendencia a generalizar y que va a tratar de usar “en mi opinión” o “en muchos casos” al principio de casa frase.

¿Cómo es ese recorrido del fotoperiodismo a lo que haces ahora?

Es un camino que viene de decepciones. Estudié Bellas Artes, y creo que, en muchos casos, los artistas son comunicadores malísimos porque nadie entiende lo que dicen. Yo creo que el artista es un supercomunicador, así que me distancié del lenguaje artístico y quise retomar una conexión con el mundo en el que vivo y, sobre todo, tratar de entenderlo.

El fotoperiodismo me parecía una manera de conocer el mundo y de dar mi opinión sobre él. Estuve diez años en prensa diaria, a la que le debo saber hacer fotos, porque allí es donde aprendí. Me di cuenta de que no era el sitio para dar mi opinión porque nadie me la pedía, y si conseguía darla sabía que tampoco iba a cambiar nada. Entendí que el potencial que yo veía en la fotografía no iba a poder explotarlo en los medios de comunicación. Así que me concedí un año sabático para intentar contar historias que a mí me interesaban y de la manera que a mí me gustaría encontrármelas en los periódicos.

Comencé con ‘Afronautas’, que funcionó muy bien y tuve la suerte de que me lanzó. Fue un éxito y eso me ha permitido seguir pensando. Al fin y al cabo, lo que hago es mirar los medios de comunicación, ver cómo nos explican el mundo, y donde creo que falta información o que está muy mal explicada, allá que voy. No es que ahora me interese África, luego el Amazonas, mañana India, etc. No es una cosa geográfica, etnográfica, antropológica, no.

Mi prioridad dentro de la expresión artística es que se me entienda.
Dices que los artistas son supercomunicadores y no me pueden dejar de venir a la mente algunos fotolibros complicados…

A mí me gusta traerme todo al campo donde todo el mundo lo entienda como, por ejemplo, el habla. Hay gente que se expresa con la clara intención de convencer, hay gente que se expresa con la clara intención de hablar de sí mismo, hay gente que se expresa con clara intención de lo que sea. Yo creo que lo que vayamos a decir lo vamos a decir igual con palabras, con fotos, con una canción, o con el lenguaje que elijamos. Por mí que cada uno haga lo que quiera. Yo no entiendo tu libro, tú no has querido que yo lo entienda, pues es  cosa tuya. Yo no te puedo decir si es bueno o malo, pero a mí me encanta la sensación de entender algo, por ejemplo con una película. Es una sensación muy buena y creo que el arte también puede darla. Tampoco que te pongan ‘Dos tontos muy tontos’, ni ‘Mullholand Drive’, yo creo que hay un punto medio entre las dos. Mi prioridad dentro de la expresión artística es que se me entienda.

Entonces a la hora de producir un libro tú piensas en el espectador.

Por supuesto, cuando estábamos en el colegio todos los años nos repetían lo mismo sobre la estructura de la comunicación, que si emisor, receptor, código, medio, y todo aquello.  ¿Estás comunicando y te olvidas del espectador? Pues no sé, llámalo solilóquio y te olvidas de la comunicación. A mí me parece que no cuadra mucho con el soporte del libro, que se supone que es una plataforma para la distribución masiva de contenido cultural.

Háblanos del fotolibro, ¿por qué lo utilizas en tus proyectos?

Hay algo de fetichismo. Siempre he coleccionado libros, es un objeto que me apasiona y no sólo por lo que hay dentro. Me gusta el peso, el tamaño, es que me parece una cosa muy chula, que aunque no fuese un libro y sirviese para recoger ciruelas también tendría muchísimos. Me encantan. Como objeto me parece muy bueno. Y además, la relación de la audiencia con él abre muchas posibilidades. Le dejas al lector muchísimo en su mano. Él decide cuándo lo abre, con qué música, en qué momento del día, cuánto tiempo… Es decir no lo estás marcando tanto, como puede ocurrir en un museo, galería o proyección, que son una experiencia cerrada a unos minutos, un espacio, una luz y un ambiente. Creo que con el fotolibro impones mucho menos la experiencia artística al espectador y esto me parece superinteresante.

Vienes a PHotoEspaña, a Madrid, con dos exposiciones. ¿Qué proceso tienes para colgar tus fotolibros en la pared?

Pues al principio era muy complicado porque no tenía ninguna experiencia, ha sido un proceso de aprender con flipe y error. Creo que soy una persona bastante flipada, del flipe hago un motor de vida y no me importa equivocarme y aceptar el error, voy aprendiendo y poco a poco voy estando más contenta con lo que sale. Con el tiempo ganas en seguridad, vas conociendo el espacio. Me sigue gustando más el libro pero entiendo que una cosa no va en contra de la otra. Hay que traducir, eso sí. No puedes coger la estructura de un libro y repetirla en la pared, son cosas totalmente distintas. Tienes que volver de nuevo a qué es lo que quieres decir y cómo lo quieres decir, reordenando y adaptándote a la nueva situación: ahora tengo una pared y no cien páginas. Hay un proceso que tienes que empezar casi desde el principio.

¿Qué traes a PHotoEspaña? ¿Qué es eso de ‘Muchismo’?

Después de ‘Afronautas’ no he parado de producir en una especie de huida hacia adelante. Este año sí he parado y me he preguntado qué tengo, qué ha pasado, por qué tengo tanto. Muchismo es quizá compartir con todo el mundo esta reflexión. En este caso me contactaron de La Fábrica para hacer una exposición con un nuevo proyecto. Hasta ahora todos mis proyectos, en cierto modo, son una reflexión sobre la prensa, los medios de comunicación, familias fotográficas, el rol que tiene la fotografía en el mundo, esos tótems sagrados. Ahora tengo algo que decir sobre el mundo del arte, no sobre el arte en general, pero sí del mundo de la fotografía, del coleccionismo fotográfico y de esa abundancia de imágenes que hay.

Vender copias en galerías, que es lo que yo hago y con lo que gano el 90% de mi sueldo, se basa en que hay un número limitado de copias de cada imagen. Y me encontré con que tenía unas 400 copias de imágenes que no existen o que, en teoría, no deberían de existir; copias de exposición, de festivales. Así que quería sacar todas y ver cómo se traduce en objeto tanta hiperactividad. Se llama ‘Muchismo’, que es un movimiento artístico que me he inventado yo basado en el mucho y en sacar un inventario visual de todo. Al mismo tiempo, saco una serie que hice que pensaba que en galería iba a funcionar muy bien y que nunca se expuso, y así se compensa un poco. Un diálogo entre las imágenes que he ido generando y una serie que es lo más comercial que he hecho nunca.

Una especie de Grandes éxitos….

Sí, pero en el que incluyes todas las pruebas, las grabaciones, los conciertos, todo…

Y también tienes ‘Antípodes’ en La Fábrica.

Con ‘Afronautas’ tuve la sorpresa de que la gente quisiera tener eso en su casa, y con la serie de los fantasmas nigerianos entendí que no había tanta gente queriendo poner africanos que dan miedo en su casa. El libro funcionó muy bien, pero en galería no tanto. Así que pensé en hacer una serie que funcionase porque, al fin y al cabo, necesito el dinero para seguir haciendo cosas que funcionen mal.

Así que en 2013 me invitan a Nueva Zelanda a dar una conferencia y decido quedarme más tiempo para hacer algo y dar mi opinión sobre otro género: la fotografía de paisaje. A mí siempre me ha dado un poco de rabia que por muy bueno que sea el fotógrafo, siempre va a ser mejor la experiencia de ver el paisaje que cualquier foto que podamos hacer. Así que, con esa idea de dar la vuelta a la fotografía de paisaje y la idea de que Nueva Zelanda son las antípodas, me fui con un espejo para darle la vuelta a todo y empezar a jugar para que en la toma aparecieran más cosas, crear ese mundo al revés tratando de que la gente pase más tiempo intentando descifrar la foto de paisaje. Normalmente dices “mira qué bonitos los Picos de Europa”, “mira qué bonito el Gran Cañón”. Yo creo que desde el punto de vista del fotógrafo es un poco hipócrita decir esta foto es la leche. No, haces click y ya está. Lo que es la leche es el paisaje.

¿Cómo se lleva eso de ser famosa, que tu opinión sea pública?

Yo tampoco tengo conciencia de eso, es esa estrategia de la huida hacia adelante que te decía antes. A veces la gente se acerca en un festival con miedo a decirme algo y flipo. Yo creo que soy una persona bastante accesible, aunque igual he ido alguna vez de diva cuando me han tocado las narices.

Nunca me he cohibido o he dicho esto no lo puedo decir, y la verdad es que tampoco he tenido ningún problema. Yo me dedico a decir lo que pienso en público, a veces gustará a alguien, a veces no. He estado expuesta a debates desde el primer proyecto que hice que era descaradamente provocador: ‘Afronautas’.

‘Afronautas’…

Esto es que hice una apuesta y me salió bien. Empecé  a dialogar conmigo y a empezar a conocerme. Yo quería salvar el mundo, ir a campos de refugiados, al Congo, ya sabes. De repente fue como abrir lo ojos, no sé en qué momento, supongo que por la decepción de la prensa. Ese “esto hay que explicarlo de otra manera”, quería empezar a crear contenidos para mí. Fue un proceso muy egoísta. No había ninguna expectativa. Sí que al trabajar con Laia y Ramón veía que nos estaba quedando una cosa chulísima, pero no hubiera pasado nada si no hubiera vendido ningún libro.

Era un momento en mi vida que no tenía mucho que perder, creo que eso te hace trabajar de una manera más honesta. También me sirvió para colocarme en ámbitos en los que justificar el proyecto. Me empezaron a llamar de sitios, a veces como experta en cultura africana y representación antropológica, y esto no puede ser. No había estado en África más que dos semanas, en Senegal. Yo no puedo hablar de África, pero sí del cliché, del estereotipo y de cómo construimos África, igual que cualquiera puede.  De los estereotipos, de eso quería hablar con ‘Afronautas’.

Sabes que a mucha gente afro no le gusta tu libro…

Ya. A ver, según la fórmula que yo empleé para crear estas imágenes, en teoría no hay nada, ni de burlarse, ni de condición de raza, ni nada de esto. Yo cogí apliqué una fórmula matemática a cómo representamos el espacio y cómo representamos África: hice 50% tipo cocktail y lo mezclé. Las fotos que tienen los africanos en mi libro, los afronautas, no son poses que den risa, son hombres dignos, gente pensando, gente soñando, lo que las hace risibles es que son africanos. Entonces lo que creo que pasa con este libro es que como tú tienes prejuicios, te ríes y entonces…

Yo creo que son risibles cuando el lector sabe que así no puedes ir a Marte…

Claro que no puedes ir a Marte con eso, pero mira Tintín, que igual no es el mejor ejemplo, pero Tintín en la Luna, o Barbarella, o si  miras los prototipos de la NASA de los 60, claro que no vas a ir a la Luna con eso. Hay mucho de esto, de la estética de la exploración del espacio y de la estética que se recibe de África. Que son irreales las dos, sí. Pero realmente yo lo que hice fue irme a Google Images, miré “exploración espacial de los 60” y miré “África”, mezclé las dos y ya está.

Ya hemos tenido algún debate en las redes sobre esto y mis miedos a fotografiar en África como europeo. Yo no tengo nada claro qué hacer con aquellos retratos que hice en Malabo, no ya sólo por mí, sino por como los va a leer el público.

No, yo tampoco lo sé. Yo pruebo, yo creo que con ‘Afronautas’ se han abierto debates muy interesante sobre precisamente la representación de África en la fotografía, y que se abra el debate ya es algo. Casi todos mis trabajos tienen un algo de provocación. Pero si miras el video del verdadero programa espacial africano, si miras lo que ocurrió de verdad y miras la versión que di yo, lo dignifiqué bastante. Que el programa era una locura y se quedera en algo anecdótico fue precisamente porque era una locura.

Hay gente que me dice que anda que no hay historias que contar sobre África, que con ésta era difícil no hacer reír.

Ya. Yo lo que creo es que a nivel de carrera fue un éxito, y a nivel de  abrir el debate o que haya cambiado realmente los códigos de representación sobre África no creo que lo haya conseguido. Ni creo que un proyecto fotográfico solo lo pueda conseguir. Abrir el debate quizá sí. Pero es que yo no soy nadie para hablar de África. Yo estoy hablando de los estereotipos, yo sí que estoy usando los estereotipos. Y lo digo desde el principio: yo hablo del estereotipo de África, ¿sabes?

Luego sí he tenido oportunidad de ir a África, y he pasado bastante tiempo en Nigeria. Y sí que me he atrevido a contar una historia africana en África, siendo ya más consciente del problema que hay con la representación. No soy experta, lo dejo claro, y trato de explicar África con estos códigos.

El problema no es tanto cómo se representa África, sino el modelo de representación que hay en general, el modelo etnológico, todo es desde el modelo occidental. En una entrevista en La Razon, digo que para hablar de Yemen estamos usando una representación de ‘La piedad’ de Miguel Ángel y esto se repite en todas partes. Es un error. Ahora estoy mucho más metida en fuentes de iconografía que están surgiendo, estuve de comisaria en Lagos Photo el año pasado y me dediqué a ver qué es lo que están haciendo los fotógrafos africanos, y me sorprendió muchísimo. Están saliendo cosas muy chulas, muy distintas, que para mí van a pegar el bombazo. Lo mismo está pasando en América Latina. Ahora van a cambiar las cosas.

 Yo creo que uno de mis puntos de rabieta con ‘Afronautas’ es esto mismo, ese déficit de voces.

Igual que a ti se te llevan los demonios cuando ves la típica foto del niño con moscas, a mí también me pasa. No hace falta ser afro para darse cuenta de que eso no es correcto. Yo me meto en los temas que creo están mal explicados, y de los que falta información. Ahora estoy hablando de la India, y luego de Mexico, son temas que me importan y ya está.

Hace poco he empezado algo con la prostitución. Yo no tengo nada que ver con ella, ni la he vivido de primera mano, ni en gente cercana; con lo que ¿quién soy yo para hablar de prostitución? Pero igual sí que creo que se puede explicar mejor. Desde luego, la educación oficial no va a hacer nada por cambiarlo, esto está comprobado. Yo creo que tienen que ser mensajes que vengan de fuera y que usen un lenguaje que sea atractivo de nuevo. Porque la foto del niño en la playa, o del refugiado en Sudán del Sur, o lo que sea, ya la hemos visto, nos la han contado tantas veces de la misma manera, que ya no hace impacto.

Hay que buscar otras maneras de contar, y pueden ser irreverentes, provocativas. Para mí lo primordial es que se debata de nuevo. No sé, yo lo entiendo así. ‘Afronautas’ era una provocación. Recuerdo la primera foto que hice, la de la escafandra. Yo no tenía ni una amigo negro en Alicante, así que por Facebook llegué a un programador informático. Y claro, me moría de la vergüenza explicándole la foto que quería hacer. Le enseñé el traje, le pareció bien y todo fue fantástico, pero estaba muy incómoda. Ahora estoy más cómoda con el tema, puedo hablarlo, puedo defenderlo, me sitúo aquí. Ya he estado en África y he tenido este debate allí. Lo puedo ver de otra manera.

Es que era un trabajo con muchas trampas…
También creo que ese cuidado que hay por norma hay que dejarlo.

Bueno, yo creo que no hay ningún cuidado, esa es la verdad…

Para mí se peca de una cosa y de la otra. Es como el tema de las feministas, a lo mejor tú no eres feminista en plan que hay que matar a todos los hombres…

Bueno, tampoco he escuchado eso a ninguna feminista…

Ya bueno, entiéndeme, puedes estar en el medio y entender la situación. No tenemos información y los canales por los que nos llega están totalmente viciados, politizados, con lo cual cuanta más información generemos para el debate mejor. Tú tendrías que estar haciendo cinco proyectos también, alguno bueno, alguno malo, pero faltan precisamente esos puntos de vista. Igual tu opinión es más valiosa que la mía, e igual tú eres un malísimo interlocutor sobre la menstruación, claro. Yo creo que hay que perder el miedo a hablar. Si ofendes, tratas de explicar por qué lo has hecho. El fotógrafo y el artista tienen que dar su opinión, que no es la verdad.

Hay una leyenda urbana por ahí que dice que fuiste a casa de Martin Parr libro en mano. ¿Es cierto esto?

Que va, quien me conozca sabe que jamás haría eso en la vida, además no sé ni dónde vive. La cosa es que fui a Arles y me apunté a los visionados de porfolio y a cada uno de los visionadores les di un ejemplar de ‘Afronautas’. Mis visionados eran de 5 minutos, “toma este libro” y me iba. Y aun así gané. Así que estaba en Arles en el segundo día de visionados tomando café y me llegó un mail que decía “Hola Cristina, soy Martin Parr, me han hablado muy bien de tu libro, ¿cómo puedo comprar uno?”. Yo le dije que se lo regalaba a la vuelta de Arles, pero él también estaba allí y a los cinco minutos nos vimos. Me llevó a ver a Gerry Badger y me dieron algunos consejos sobre a quién tenía que mandar mi libro y cosas así, que en realidad ya había hecho a sugerencia de Ricardo Cases.  Y a partir de ahí no he vuelto a ver a Martin Parr. Sí que hemos coincidido en otros eventos en Nigeria o Paris, pero no es que le vea y le dé un abrazo. Tenemos una relación cordial tirando a fría.

¿Y cómo se hace un segundo libro después de un exitazo tan brutal?

Como dicen que el segundo es malo, y yo notaba esa presión de “bueno a ver qué hace ahora”, lo hice muy seguido para poder centrarme en el tercero que me gusta mucho más que el segundo. El segundo, el de ‘West Side Story’ me encanta, me hubiera gustado dedicarle más tiempo, pero teníamos un modelo a seguir y unos plazos muy cortos. Aquí le toqué un poco las narices a la foto de calle. La foto de calle,  a menos que seas Bruce Gilden con un trabajo tan faraónico, no dice nada.

Volvemos de nuevo al esquema de la comunicación. ¿Qué me está diciendo una buena fotografía de calle? Me está diciendo que hay un buen fotógrafo, que es rápido, que mide bien la luz y que tiene un ojo, que pone la mente, el ojo, el corazón y todo aquello. No está contando nada, es un puro ejercicio estético. Así que lo que hice fue contar un clásico de la literatura, Romeo y Julieta, con lenguaje de fotografía de calle. Pongo en escena, voy parando a la gente por la calle y les pregunto si les importa bailar. No sabes qué es verdad y lo que no, y parece un fotolibro de calle de Nueva York como otros tantos.

Mi problema con el fotoperiodismo, como con la fotografía documental, es que señalan el drama o al culpable pero no aportan ninguna solución.
¡La verdad! ¿Cómo llevas lo de fotografía y verdad?

Es que hay distintas cosas, la fotografía y la verdad, y la fotografía y la realidad. Tanto la verdad como la realidad son debates filosóficos abiertos a los que nadie, que yo sepa, ha llegado a una conclusión.  Con lo cual yo con una cámara tampoco. De nuevo puedo abrir el debate y jugar con ello.

Creo que tenemos que educarnos y saber leer imágenes, que cada día para las nuevas generaciones es más su lenguaje principal. Aprender a ser críticos, a leer fotografía. Igual que si lees un mail que te pone “alarga tu pene” sabes que no es verdad, que esos códigos autodefensas que usamos con el lenguaje escrito hay que aplicarlos también al lenguaje visual. Y para esto hay que cuestionar las imágenes.

La mejor manera de hacer eso es no alimentando el monstruo. Es decir, no me voy a ir a Lesbos a hacer más fotos, me interesa más saber por qué están todos en Lesbos y no dónde se firman los tratados o acuerdos sobre los gaseoductos que me ayudarían a entender mucho más el problema.

Mi problema con el fotoperiodismo, como con la fotografía documental, es que señalan el drama o al culpable pero no aportan ninguna solución. Y ahí es donde me sitúo yo. Si tengo que recurrir a la puesta en escena pues bien, si tengo que recurrir al momento decisivo pues también. Lo que haga falta.

Influencias. Dicen por ahí de alguna conexión con Vivian Sassen.

Yo creo que igual las dos nos hemos parado a pensar la representación africana. Vivian Sassen es una supermaestra del color y yo no veo muy bien los colores así que desaturo.

Mi influencia viene más en el cine, Wes Anderson me encanta. Me gusta mucho Diane Arbus, como personaje que se acerca a lo que no entiende. Películas como Blade Runner, La Guerra de las Galaxias, el cine de culto, La Invasión de los Ladrones de Cuerpos, todo ese mundo. Y muy pocos fotógrafos, no porque no me guste su trabajo, sino porque si voy al cine me inspiro pero si veo trabajos de fotógrafos veo trabajos que no puedo repetir.

Después de tus comisariados y contactos en África seguro que nos puedes decir cosas interesantes que se estén haciendo por allí…

Hay un montón de gente haciendo cosas flipantes. Puedo decirte, por ejemplo, Kudzanai Chiurai, Eric Gyamfi, Namsa Leuba, Joana Choumali, Fabrice Monteiro, Ima Mfon…

Creo que la epidemia de los fotógrafos es la parálisis por análisis.
¿Cómo es la Cristina profesora?

Yo creo que doy talleres centrándome sobre todo en que los alumnos entiendan que se puede, que sí se puede. Les meto un poco en mi ritmo y dinámica, y en tres días hacemos un proyecto, editamos y producimos un libro. Se trata de demostrar que se puede. Yo creo que la epidemia de los fotógrafos es la parálisis por análisis, esto ya se ha hecho, ya se ha dicho. Yo pienso: hazlo igual que saldrá diferente. La cuestión es probar.

¿Y en el futuro qué? He oído que eres la Woody Allen de la foto española.

Eso es por el año pasado, que hice mucho, que aún tengo el ritmo de prensa, tengo siempre cuatro o cinco proyectos. Igual en uno estoy investigando, en otro editando, en otro pensando la expo y así. Me aburro superfácil. Voy de uno a otro, del espíritu Yoruba a las olimpiadas.

¿Veremos un proyecto tuyo donde seas la protagonista de la obra?

No, no creo que mi vida sea interesante, ni me voy a poner nunca a hablar de mí, pero no renuncio a dar mi opinión.

Te quieres autopreguntar algo, que igual te he dado algo de caña.

Otro día, si quieres, en lugar de centrarnos en la representación de África, lo hacemos sobre la mujer. Ultimamente me preguntan cómo me siento como mujer en el mundo del arte. Siempre he sido muy inocente. Incluso cuando era fotoperiodista, que es un mundo de macho alpha, nunca he sentido nada. Hasta quizá me aprovechaba de lo de las mujeres y los niños primero, ya sabes. Pero sí que es verdad, que empiezo a notar que hay un techo de cristal. Que son muy pocas las elegidas, mientras que los hombres pasan sin problema.


Hoy ponía en La Razón “una de las artistas españolas con más proyección internacional”, cuando realmente yo no he tenido ninguna exposición en un museo internacional, ni estoy en ninguna colección internacional, ni en un museo español; mientras que otras personas, hombres, tienen una acceso mucho más fácil. Como que cuesta diez veces más que la academia o el mundo del arte confíe en una mujer que en un hombre. Y lo estoy  empezando a notar ahora.

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